AYER TE CONOCI

Fui creciendo como el arroyo a medida que baja la pendiente, saltando danzarín de piedra en piedra, mientras nuevas aguas aumentan su torrente.
Apenas fui tomando forma y me modelaba de acuerdo a mis progenitores cogí los rasgos propios de  mi padre mientras iba alimentándome en el viente de mi madre.
Cuando vine al mundo en el día indicado, comencé a explorar todo cuanto me rodeaba... Me daban miedo ciertas cosas nuevas, me causaban curiosidad ciertos hechos ignorados. Pero poco a poco fui levantando mi mirada y pude contemplar un profundo horizonte que resaltaba más allá de unas altas cordilleras que parecía daban fin a la tierra creada.
Entonces, oyendo la voz de mis mayores daba credibilidad a los relatos populares, humildes y sencillos que me contaban sobre el mundo, sus límites, el universo y el cielo y todo me parecía, desde entonces, perfecto: ver salir allá por el lado de los Llanos orientales al astro sol con toda su majestuosidad y encanto que poco a poco le iba elevando para marcar a los labriegos las horas de su jornada y con él ver levantarse a mi madre y a  mi padre para ganarse el pan con el sudor de su frente. 
Mi padre, albañil, maestro de obra, hecho de pura experiencia, sin los cartones dados por la intelectualidad por el simple hecho de haberse sentado unos años en un asiento. Fue su empeño, su inteligencia, lo que lo hicieron Maestro!, "Maestro Adán" como se le conocía.  Hombre de tes trigueña como lo somos los hijos de los Chibchas, con su pelo negro, sus ojos castaños y una apariencia serena. De temperamento fuerte, pero muy amiguero, de un trapo azul como partido y de una cruz en su frente. No se arremangaba ante lo que no le parecía acorde a sus principios y siempre frentero.